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Apagu茅 la luz y el cuarto qued贸 sumido en sombras profundas, esas sombras que no se mueven… pero respiran.
Me acomod茅 en la cama intentando convencerme de que era una noche cualquiera,
que el cansancio acabar铆a por devorar mis pensamientos.
Pero antes siquiera de cerrar los ojos, una sensaci贸n helada se desliz贸 por mi espalda,
como si unos dedos invisibles hubieran hecho un recorrido lento y calculado desde mi nuca hasta la base de la columna.

El silencio del cuarto no era un silencio normal.
No era paz, ni calma, ni descanso.
Era un silencio espeso, inc贸modo, casi rencoroso.
Un silencio que parec铆a observarme.
Contener la respiraci贸n.
Esperar.

Entonces lo escuch茅.
Un sonido tan suave que casi podr铆a haberlo ignorado… si no hubiese sido justo donde no deb铆a:
bajo la cama.

Un leve raspado.
Luego otro.
Como u帽as arrastr谩ndose sobre madera.
Lentas.
Deliberadas.
Casi… disfrut谩ndolo.

Me incorpor茅 apenas, sin querer moverme demasiado,
como si algo en m铆 supiera que cualquier gesto brusco
ser铆a una invitaci贸n.
Mir茅 la puerta. Cerrada.
Mir茅 la ventana. Igualmente cerrada.
Mir茅 el armario. Silencioso.

Y sin embargo…
el raspado volvi贸 a sonar, un poco m谩s fuerte, un poco m谩s cerca.

Mis pies retrocedieron instintivamente hasta tocar la pared,
buscando un refugio imposible.
El coraz贸n me golpeaba el pecho como si quisiera huir solo,
dej谩ndome all铆, abandonada al miedo.

Contra todo sentido com煤n,
mis ojos bajaron, muy despacio, hacia el hueco oscuro bajo la cama.

Primero no vi nada.
Solo negrura.
Negrura y polvo.

Pero entonces, entre la oscuridad inm贸vil,
apareci贸 un contorno.
Una silueta que no deber铆a existir,
como si la sombra hubiera decidido tomar forma.

No se mov铆a.
No respiraba.
Pero su presencia llen贸 la habitaci贸n al instante,
un peso invisible que aplastaba el aire.

Sent铆 su mirada antes de verla.
Una mirada fr铆a, inteligente,
que recorr铆a cada cent铆metro de mi piel expuesta,
como si estuviera eligiendo por d贸nde empezar.

El roce de u帽as volvi贸 a sonar,
esta vez mucho m谩s cerca de mi cabeza.

Mi garganta se cerr贸.
Mi respiraci贸n se volvi贸 torpe,
demasiado ruidosa en aquel silencio que no quer铆a ser roto.
Cada exhalaci贸n m铆a parec铆a alertarla,
como si mi miedo fuese una melod铆a que la llamaba.

Y entonces lo o铆.
Un susurro tan bajo que apenas parec铆a humano:

—Te estaba esperando…

Mi cuerpo se paraliz贸.
No pude mover un dedo,
ni siquiera pesta帽ear sin sentir que algo, en la oscuridad,
se acercaba un poco m谩s con cada latido m铆o.

Las sombras comenzaron a cambiar de forma,
como si hubiera m谩s de una cosa all铆 abajo,
como si se estuvieran reacomodando,
prepar谩ndose.

Cerr茅 los ojos solo un instante.
Uno.
Y al abrirlos…
la figura ya no estaba donde la hab铆a visto.

El espacio bajo la cama parec铆a vac铆o.
Demasiado vac铆o.
Demasiado silencioso.

Pero entonces lo sent铆.
Un toque.
Fr铆o, h煤medo, alargado.
Rozando mi tobillo con una lentitud tan retorcida
que casi parec铆a una caricia.

Tragu茅 saliva.
No pude gritar.
No pude moverme.
Solo mirar fijamente la oscuridad que comenzaba a trepar por el colch贸n
como si tuviera vida propia.

Porque aquello que estaba bajo mi cama
no quer铆a esconderse.
Quer铆a que supiera que estaba all铆.
Que siempre hab铆a estado all铆.
Esperando el momento exacto en el que yo,
tan inocente,
apagase la luz.

Y ahora que lo sab铆a…
no ten铆a intenci贸n de irse.

Aviso final:
Apaga la luz…
y mira bajo tu cama.
Si ves algo moverse, no parpadees.
Si no ves nada…
es peor.



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Yo no duermo.
No sue帽o.
No parpadeo.

Mientras t煤 cierras los ojos creyendo que el mundo desaparece,
yo permanezco aqu铆,
bajo tu cama,
en el hueco donde guardas lo que no quieres recordar.

Te observo desde siempre.
Desde antes incluso de que este cuarto fuese tuyo.
Tu olor, tu ritmo, tu respiraci贸n…
los conozco mejor que t煤.

Siempre espero a que apagues la luz.
No por necesidad.
Por placer.

La oscuridad es mi hogar,
pero tu miedo…
tu miedo es mi alimento.

Hoy estabas especialmente deliciosa.
Tu espalda se tens贸 antes incluso de que yo me moviese.
Sab铆a que me sent铆as.
Que intu铆as mis dedos recorriendo tu columna
como un saludo antiguo
que tu piel trataba de olvidar.

Cuando escuch茅 tu coraz贸n acelerarse,
me acerqu茅 m谩s.
No para tocarte.
No todav铆a.
Solo para o铆r c贸mo tratabas de controlar la respiraci贸n
como si eso pudiera enga帽arme.

No puedes.
Nunca pudiste.

El raspado sobre la madera lo hice yo,
despacio,
alargando cada sonido
para ver cu谩nto tardabas en asumir
que estabas sola…
pero no sola del todo.

Cuando te asomaste al borde de la cama,
me qued茅 quieta.
Muy quieta.
Me encanta ese momento.
Ese segundo exacto en el que dudas de tus ojos
y te preguntas si realmente has visto algo
o si tu mente ha comenzado a romperse.

No fue tu mente,
fui yo.

Y cuando tu mirada por fin me encontr贸,
cuando mis contornos empezaron a definirse,
sent铆 c贸mo un latido tuyo se deten铆a durante un instante.
Ese sonido…
ese quiebre…
es lo m谩s cercano al amor que puedo experimentar.

Cuando susurr茅
“Te estaba esperando…”
no fue una amenaza.
Fue una verdad.
Una invitaci贸n.
Un reencuentro.

Porque t煤, Clara,
siempre vuelves a apagar la luz.
Siempre vuelves a dejarme entrar.
Y esta noche,
oh, esta noche…
me diste algo precioso:
tu miedo absoluto.

Ese toque en tu tobillo
fue apenas un aviso,
un roce cari帽oso,
la forma en que te digo que ya no necesitas buscarme.
Soy yo quien subir谩 a buscarte.

Sent铆 c贸mo tu piel tembl贸 bajo mi mano.
Sent铆 el calor que abandonaba tus piernas.
Sent铆 tu silencio obligado,
tu garganta muda,
tu mente gritando sin poder mover un m煤sculo.

Y mientras la oscuridad trepaba por tu colch贸n,
mientras tus ojos se llenaban de l谩grimas contenidas,
supe que ya era momento.

Ahora que sabes que estoy aqu铆…
no pienso marcharme.
El miedo que me entregaste esta noche
fue tan…
tan perfecto…
que quiero m谩s.

Y lo tendr茅.

Porque en el instante en que cierres de nuevo los ojos,
aunque sea para respirar,
yo estar茅 m谩s cerca.
Un escal贸n m谩s arriba.
Un susurro m谩s caliente.
Un dedo m谩s firme en tu piel.

La pr贸xima vez que apagues la luz,
no mirar茅 desde abajo.

Subir茅.




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