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Robamos pan,
apenas migas,
temblando como criaturas
que ya no recuerdan el calor.

Su mano me rozรณ,
suya, la de mi esposa,
y por un instante
sentรญ que aรบn quedaba mundo.

Pero entonces
el cielo se abriรณ en un crujido,
como si alguien partiese la realidad
con las uรฑas.

Y esa voz—
esa condena antigua,
esa sentencia que sabe a barro y costillas—
cayรณ sobre nosotros:

“Adรกn… ¿Quรฉ habรฉis hecho?”

Y comprendรญ
que incluso el hambre
era mรกs misericordiosa
que nuestro creador.






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La gente del pueblo dice que hay un monstruo en el bosque.
Yo vivo aquรญ solo y todavรญa no he visto nada.
Ni rugidos, ni ojos brillantes, ni nada que dรฉ miedo… solo yo y mis caminatas ridรญculas entre los รกrboles.

A veces, cuando me acerco al rรญo, veo un destello de rosa en el agua.
Un reflejo torpe, que bebe como yo, que se mira a sรญ mismo como si no supiera que existe.
Y me quedo allรญ un instante, sonriendo, porque no es un monstruo de verdad.
Ni siquiera sabe que deberรญa dar miedo.







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El conductor guardaba silencio,
una muralla de indiferencia
entre nosotros.

Yo, atrapado en la espera,
mirando el mรณvil
como quien busca un milagro:

"Hola, soy tu Uber, te estoy esperando."
Palabras que chocaban
con el eco del mutismo.







๐Ÿ•ท️๐‘ด๐’Š ๐’Ž๐’–๐’‹๐’†๐’“ ๐’…๐’† ๐’๐’•๐’“๐’ ๐’‘๐’๐’‚๐’๐’†๐’•๐’‚๐Ÿ•ท️

Sabรญa que mi mujer era alienรญgena
porque su sangre era verde,
resplandeciente y descarada.

Sabรญa que mentรญa
cada vez que gritaba:
"¡ERES DALTร“NICO!"
y yo miraba sus ojos
preguntรกndome si realmente
estรกbamos en el mismo planeta.






๐Ÿ•ท️๐‘ฌ๐’ ๐’‰๐’๐’Ž๐’ƒ๐’“๐’† ๐’ƒ๐’‚๐’‹๐’ ๐’๐’‚ ๐’„๐’‚๐’Ž๐’‚๐Ÿ•ท️

Hablaba por vรญdeo con mi marido,
cuando el mรณvil cayรณ al suelo.

Al recogerlo, su cara habรญa cambiado:
los ojos abiertos como grietas,
las manos llevadas a los labios,
un gesto que pedรญa silencio.

Y entonces…
el horror se deslizรณ por mi pecho:
"Hay un hombre debajo de tu cama."

El mundo se volviรณ estrecho,
el aire denso,
y la pantalla,
un portal a algo que no debรญa existir.






๐Ÿ•ท️๐‘ช๐’‚๐’…๐’‚ ๐’—๐’†๐’› ๐’’๐’–๐’† ๐’—๐’–๐’†๐’๐’—๐’†๐Ÿ•ท️

Lloraba,
mientras mi hija me suplicaba
que no apretara el gatillo.

La voz temblaba,
la suya
y la mรญa.

Y aun asรญ…
la oscuridad reclamaba su precio.
Es cada vez mรกs duro
matarla
cada vez que vuelve,
cada vez que sonrรญe
con una boca
que ya no es la suya.





๐Ÿ•ท️๐‘ฌ๐’ ๐’–́๐’๐’•๐’Š๐’Ž๐’ ๐’…๐’†๐’”๐’†๐’๐Ÿ•ท️

Como tercer
y รบltimo deseo,
le pedรญ al genio
que mi familia
fuera feliz.

El silencio cayรณ
como un telรณn pesado.

Entonces sentรญ
cรณmo mis manos
se volvรญan aire,
cรณmo mi sombra
dejaba de seguirme,
cรณmo mi nombre
se deshilaba
entre sus sonrisas nuevas.

Y comprendรญ
demasiado tarde
el precio.

Comencรฉ
a desaparecer.









๐Ÿ•ท️๐‘ณ๐’‚๐’” ๐’—๐’†๐’„๐’†๐’” ๐’’๐’–๐’† ๐’๐’‚ ๐’‘๐’†๐’“๐’…๐’Š́๐Ÿ•ท️

«Hemos encontrado a su hija»,
dijo el policรญa
dibujando una cruz en el mapa…

y luego otra,
y otra,
y otra mรกs,
cada una latiendo
como un pulso ajeno,
como un eco torcido
de la misma niรฑa.

La sala se quedรณ pequeรฑa.
El aire pesaba.

Y yo entendรญ,
sin que nadie lo dijera,
que no se puede perder
a la misma hija
tantas veces
sin romper algo
irreparable.






๐Ÿ•ท️๐‘ช๐’–๐’‚๐’๐’…๐’ ๐’†๐’ ๐’•๐’Š๐’†๐’Ž๐’‘๐’ ๐’ˆ๐’–๐’‚๐’“๐’…๐’‚ ๐’”๐’Š๐’๐’†๐’๐’„๐’Š๐’๐Ÿ•ท️

Puedo escuchar
hasta un aรฑo en el futuro.

Hoy, el ruido ha parado.
El silencio pesa,
como si el tiempo
se contuviera
en un solo aliento,
esperando
algo que aรบn no entiendo.






๐Ÿ•ท️๐‘ซ๐’†๐’Ž๐’‚๐’”๐’Š๐’‚๐’…๐’ ๐’๐’†๐’‹๐’๐’”๐Ÿ•ท️

«Te he echado mucho de menos»,
susurrรฉ,
mientras la veรญa
a travรฉs de los prismรกticos.

El vidrio entre nosotros
era mรกs frรญo que la distancia,
mรกs cruel que cualquier mentira.

Cada gesto suyo
me dolรญa en la piel,
cada sombra de su casa
me recordaba
que la habรญa encontrado…
pero demasiado tarde,
demasiado lejos,
demasiado irremediable.






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