🕷️𝑳𝒂 𝑴𝒖𝒍𝒃𝒆𝒓𝒓𝒚 𝑾𝒐𝒎𝒂𝒏 𝒀 𝑳𝒂 𝑴𝒂𝒍𝒂 𝑴𝒖𝒋𝒆𝒓🕷️

 

La Mulberry Woman no siempre fue solo sombra y misterio. Nació en Hawái, en una época en que las islas todavía conservaban su corazón salvaje, donde la selva era un laberinto de verdes imposibles y los ríos guardaban secretos milenarios. Se dice que fue una mujer del pueblo, sencilla y amable, que vivía cerca de los caminos de morera, entre frutas dulces y hojas que crujían bajo los pies. Su nombre se ha perdido, borrado por el tiempo y el miedo.

Era conocida por su bondad, pero también por su curiosidad: recogía hierbas, escuchaba los consejos de los ancianos, y a veces conversaba con voces que otros no podían oír. La curiosidad la llevó demasiado lejos. Entró en bosques prohibidos, siguió caminos antiguos marcados por espíritus, y se encontró con fuerzas que ningún mortal debía tocar. Algunos dicen que trató de aprender los secretos de la naturaleza, otros que invocó espíritus para ayudar a los suyos, pero la magia la corrompió.

Un día desapareció, y nunca volvió. Los ancianos cuentan que murió sola, pero su espíritu no descansó. Transformada por la magia y la frustración de lo que no pudo controlar, su cuerpo quedó atrapado entre los mundos: anciana frágil y amable para atraer a los niños… y monstruo devorador para alimentarse de ellos.

Los niños son los primeros en verla. Atraídos por su aura de inocencia, se acercan confiados. La anciana les pide que la acompañen un poco más adentro, hacia la sombra donde los árboles se enredan como dedos. Dice que está cansada, que se ha perdido, que solo será un momento. Y los niños confían.

Pero en cuanto giras la espalda, su cuerpo cambia.
Los huesos crujen como ramas secas, la piel se estira hasta lo imposible, y su boca se abre en un grito que nunca sale. La Mulberry Woman se alimenta de los inocentes, y el bosque guarda un silencio mortal. Los que la siguen desaparecen sin dejar rastro. Algunos aseguran que se oyen risas pequeñas mezcladas con el crujir de las hojas de morera, recordando que ella sigue allí, entre la vida y la muerte, esperando su próxima presa.



En Perú, en la región de Ayacucho, nació otra mujer que la historia transformó en leyenda: La Mala Mujer. Su nombre verdadero también se perdió entre susurros y rumores. Era hermosa, sí, pero su belleza escondía un corazón oscuro, una mente capaz de manipular y seducir sin remordimiento. Desde joven, los hombres la temían y la deseaban, y aquellos que se acercaban demasiado encontraban siempre un final inesperado.

Se cuenta que La Mala Mujer tenía conocimiento de hechizos antiguos, heredados de su abuela, una curandera que practicaba magia prohibida, mezclando rituales andinos con invocaciones secretas traídas por colonos y viajeros. Con estos conocimientos, aprendió a jugar con la mente y la voluntad de los hombres, a embrujarlos con palabras y gestos, a hacer que el amor se volviera obsesión y la pasión un veneno.

Aquellos que la amaban demasiado, o que se acercaban con deseo impaciente, desaparecían. Algunos murieron, otros jamás fueron encontrados. La población la señalaba, la perseguía, pero ella era escurridiza, invisible cuando quería, dejando tras de sí miedo y leyendas. Con el tiempo, su cuerpo murió, pero su espíritu permaneció, transformado en sombra vengativa. Ahora, dicen que aparece ante los hombres como un reflejo de su propia ambición y deseo, hermosa y seductora, y que quienes la ven quedan atrapados en su embrujo hasta perder la vida o la razón.

Un joven valiente decidió desafiarla una noche. La buscó por senderos oscuros, guiado por rumores y su propio orgullo. Cuando la encontró, su belleza lo hipnotizó, y por un instante creyó tocar lo imposible. Pero la verdad se impuso: La Mala Mujer no era humana, nunca lo fue. Su hechizo lo atrapó, su risa se mezcló con el viento, y su cuerpo quedó tendido mientras su espíritu lo arrastraba hacia la oscuridad eterna. Desde entonces, nadie osa buscarla, pero se cuenta que su rastro queda en los pueblos, en susurros de viento y sombras que bailan en las noches sin luna.


Dos mujeres, dos historias, dos terrores distintos.
La Mulberry Woman y La Mala Mujer nacieron humanas, curiosas, atrevidas, y murieron atrapadas entre la vida y la muerte. Una por seguir la senda de la magia natural y perderse en ella; otra por manipular y seducir, y pagar un precio que ni su belleza ni su inteligencia podían evitar. Ambas regresan ahora como fantasmas de advertencia: la primera acechando la inocencia, la segunda cazando la ambición y el deseo.

No hay salvación para los que las miran demasiado, ni para los que se atreven a seguirlas. Sus leyendas son un recordatorio oscuro de que la curiosidad y la pasión mal guiadas pueden transformarte en presa.
Si escuchas un susurro entre los árboles de morera, o un paso detrás de ti en un callejón del pueblo, recuerda: hay quienes esperan en la sombra. Y a veces, es mejor no mirar.




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