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Me llamo Mary Jane Kelly.
Tenรญa veinticinco aรฑos, y aรบn soรฑaba.
Aรบn reรญa.
Aรบn creรญa que algรบn dรญa podrรญa dejar de huir.

Pero en Dorset Street, los sueรฑos no crecen:
se marchitan.
Y yo vivรญa en el nรบmero 26,
un cuarto pequeรฑo donde la esperanza se alquilaba por horas
y el frรญo dormรญa conmigo incluso cuando no habรญa clientes.

Whitechapel era un monstruo de humo y miseria,
una callejรณn sin salida donde las mujeres caminรกbamos rรกpido,
no por prisa,
sino por miedo.
Miedo a los hombres,
miedo al hambre,
miedo a convertirnos en otro cadรกver en un titular.

Aquella noche —9 de noviembre de 1888—
la niebla se pegaba a la piel como un sudario anticipado.
Las farolas parecรญan velas mortuorias,
y cada paso resonaba como un presagio.

ร‰l vino a mรญ envuelto en sombras.
No caminaba: parecรญa deslizarse.
Apenas hablรณ,
pero no hacรญa falta.
A veces los monstruos no necesitan palabras:
su presencia basta.

Tenรญa las manos frรญas,
frรญas como mรกrmol arrancado de una lรกpida.
Me sujetรณ con una firmeza que no buscaba placer,
sino control.
Dominio.
Como si yo fuese un objeto,
no un ser humano.

Intentรฉ gritar.
Dios sabe que lo intentรฉ.
Pero Whitechapel estaba cansado de escuchar gritos de mujeres
que nadie vino a salvar.

El primer corte me quemรณ como fuego.
El segundo ya no lo sentรญ.
El tercero me arrancรณ del mundo,
como si me desprendiera de mi propio cuerpo.
Pude sentir cรณmo mi vida se abrรญa en canal,
cรณmo mi sangre se mezclaba con el humo del cuarto,
cรณmo mis manos ya no respondรญan.

ร‰l trabajaba con calma.
Con dedicaciรณn.
Como un pintor que no quiere manchar el cuadro,
solo destruirlo.
En cada corte puso intenciรณn.
En cada desgarro, una frialdad matemรกtica.

Y sin embargo —quรฉ ironรญa amarga—
cuando mi cuerpo ya era un lienzo destrozado,
mi mente se aferrรณ a lo รบnico que aรบn podรญa salvarse:

Pensรฉ en mi madre,
en su voz cantando cuando yo aรบn era niรฑa.
Pensรฉ en Irlanda,
en la luz sobre el mar, tan distinta a esta oscuridad.
Pensรฉ en el amor que nunca tuve,
en la vida que deseรฉ
y que siempre parecรญa escaparse entre mis dedos.

Dicen que fui la peor de todas,
la mรกs mutilada,
la mรกs irreconocible.
Dicen que mi cuarto era un infierno.
Dicen que ni los policรญas pudieron olvidar lo que vieron.

Yo sรญ lo recuerdo.
Todo.
Pero no con horror.
Lo recuerdo con tristeza.
No por cรณmo morรญ,
sino porque nadie vio cรณmo vivรญ.
Porque detrรกs del monstruo que me matรณ
habรญa otro mรกs cruel:
la indiferencia.

Ahora camino entre la niebla,
no como fantasma de venganza,
sino como memoria.
Como advertencia.
Como una mujer que fue algo mรกs que un titular macabro.

Soy Mary Jane Kelly,
la รบltima de cinco,
la que el monstruo rompiรณ por fuera
pero no por dentro.

Si alguna noche escuchas un suspiro en Whitechapel,
no huyas.
No temas.
Solo recuerda que yo tambiรฉn quise vivir,
y que mi historia merece algo mรกs que el cuchillo que me silenciรณ.





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