๐Ÿ•ท️๐‘ณ๐’‚ ๐‘ต๐’Š๐’̃๐’‚ ๐‘ช๐’‚๐’Ž๐’†๐’๐’๐’: ๐’๐’๐’” ๐’‘๐’‚๐’”๐’๐’” ๐’’๐’–๐’† ๐’๐’–๐’๐’„๐’‚ ๐’„๐’†๐’”๐’‚๐’๐Ÿ•ท️

Melissa Harper creciรณ escuchando cรณmo la gente murmuraba su nombre como si fuera una advertencia. Sus piernas, torcidas desde el nacimiento, nunca la sostuvieron. Aprendiรณ a moverse sobre manos y rodillas, y lo hacรญa con una velocidad que no parecรญa natural. Su cuerpo avanzaba como si hubiera nacido para arrastrarse, como si el suelo fuera su territorio.

En el pueblo, nadie sabรญa cรณmo tratarla. Los niรฑos se escondรญan detrรกs de las puertas cuando la veรญan pasar, y los adultos fingรญan compasiรณn mientras evitaban mirarla a los ojos. Pero Melissa lo notaba todo: la incomodidad, el miedo, la repulsiรณn. Y lo peor era que, en el fondo, ella tambiรฉn sentรญa que habรญa algo extraรฑo en su forma de moverse. Algo que no pertenecรญa del todo a ella.

Cuando el circo la reclutรณ a los trece aรฑos, creyรณ que por fin tendrรญa un lugar. Allรญ no era un monstruo: era un espectรกculo. La llamaron “La Niรฑa Camello”, y la gente pagaba por verla avanzar a cuatro patas por la tarima. Pero pronto descubriรณ que la carpa tenรญa su propio pulso. Cada vez que ella apoyaba las manos en la madera, el suelo respondรญa con un crujido profundo, casi hรบmedo, como si algo debajo se tensara con cada movimiento.

Al principio pensรณ que era su imaginaciรณn. Pero las noches eran largas, y la carpa respiraba. Cuando todos dormรญan, Melissa escuchaba un arrastre que no era el suyo. Un ritmo que imitaba el suyo, pero mรกs lento, mรกs pesado, como si alguien estuviera aprendiendo a moverse copiรกndola. A veces, cuando ella se detenรญa, el sonido continuaba unos segundos mรกs, como si la sombra que la seguรญa tardara en darse cuenta de que debรญa parar.

Nunca vio nada. Pero sentรญa una presencia detrรกs de ella, siempre a la misma distancia, siempre fuera de su campo de visiรณn. Y lo mรกs perturbador era que, con el tiempo, empezรณ a anticipar sus movimientos. Como si la conociera mejor que ella misma.

Cuando dejรณ el circo, pensรณ que el silencio la liberarรญa. Pero el silencio no llegรณ. La primera noche en su casa, mientras intentaba dormir, escuchรณ el mismo arrastre en el pasillo. El mismo crujido profundo, como si la madera reconociera un peso que no era el suyo. Melissa se incorporรณ, temblando, y el sonido se detuvo. No habรญa nadie. Solo la oscuridad, inmรณvil, expectante.

Los dรญas siguientes fueron peores. A veces, mientras se desplazaba por la casa, escuchaba un segundo ritmo detrรกs de ella, perfectamente sincronizado. Otras veces, cuando se quedaba quieta, el arrastre continuaba unos pasos mรกs, como si la cosa que la imitaba no pudiera detenerse a tiempo. Empezรณ a evitar los espejos: tenรญa la sensaciรณn de que si se miraba demasiado, verรญa algo moviรฉndose detrรกs de ella, algo que no debรญa tener forma.

Una madrugada, incapaz de dormir, abriรณ una caja con objetos del circo. Entre telas viejas y fotografรญas amarillentas, encontrรณ marcas en el suelo. Huellas de manos y rodillas. No eran las suyas: eran mรกs grandes, mรกs separadas, como si un cuerpo mรกs pesado hubiera recorrido la habitaciรณn imitando exactamente su forma de avanzar. Las marcas formaban un camino que terminaba justo detrรกs de donde ella estaba sentada.

Melissa sintiรณ el aire cambiar. Un crujido suave, casi un suspiro, sonรณ a su espalda. No se atreviรณ a girarse. No podรญa. Porque en ese instante lo entendiรณ: lo que la habรญa seguido en la carpa no era un eco ni un recuerdo. Era algo que habรญa aprendido de ella. Algo que habรญa crecido con cada uno de sus movimientos. Algo que habรญa esperado pacientemente a que ella estuviera sola.

Desde entonces, los vecinos dicen que la casa de Melissa suena por las noches. Que se escuchan dos ritmos distintos: uno ligero, rรกpido, casi humano… y otro mรกs pesado, mรกs torpe, como si un cuerpo demasiado grande intentara imitar un movimiento que no le pertenece.

Nadie ha visto a Melissa salir desde hace semanas. Pero a veces, cuando el viento sopla fuerte, se oye un arrastre que recorre toda la fachada. Un arrastre que se detiene justo cuando alguien se acerca a la puerta.

Dicen que si te quedas en silencio, puedes distinguir cuรกl de los dos ritmos es el original. Y cuรกl es el que aprendiรณ a moverse copiรกndolo.




Comentarios

Entradas populares de este blog

๐—ฃ๐–—๐–Š๐–˜๐–Š๐–“๐–™๐–†๐–ˆ๐–Ž๐–”́๐–“

๐Ÿ•ท️๐‘ด๐’Š๐’„๐’“๐’๐’“๐’“๐’†๐’๐’‚๐’•๐’๐’” -๐Ÿ ๐Ÿ•ท️

๐Ÿ•ท️๐‘ด๐’Š๐’„๐’“๐’๐’“๐’“๐’†๐’๐’‚๐’•๐’๐’” -๐Ÿ ๐Ÿ•ท️