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Nacรญ en Cantรณn, bajo el ruido del rรญo,
en un mundo donde la vida se compraba y se vendรญa,
donde la astucia valรญa mรกs que la fuerza,
y la belleza era arma y escudo a la vez.

Me llamaban Shih Yang, me llamaban Cheng I Sao,
dos nombres para una sola mujer que aprendiรณ pronto
que la supervivencia no pide permiso.
Trabajรฉ en un burdel flotante,
observando, aprendiendo, soรฑando
con un lugar donde mis decisiones fueran mรญas.

Y entonces vino รฉl, Zheng Yi,
pirata temido, seรฑor de los mares del sur,
y entre sus hombres y barcos yo vi una oportunidad.
Aceptรฉ su mano, pero con mi propio precio:
el cincuenta por ciento del botรญn, el mando compartido.
Nunca fui sumisa, nunca lo serรญa.

La muerte de Zheng Yi llegรณ entre sombras y rumores,
y la flota, grande y poderosa, necesitaba liderazgo.
Yo subรญ a cubierta, con dragones bordados sobre seda roja,
y les hablรฉ sin miedo:
“¿Creรฉis que me rendirรฉ ante un hombre? Jamรกs.”

Asรญ empezรณ mi leyenda,
de prostituta a reina pirata,
de sombra a espada en los mares de China.
Mis barcos crecieron, mis hombres se multiplicaron,
y la Flota de la Bandera Roja se convirtiรณ en ejรฉrcito invencible.

Establecรญ leyes que nadie osรณ romper:
respeto a las mujeres, reparto justo del botรญn,
muerte inmediata a los desobedientes.
Cada infracciรณn llevaba su precio,
cada decisiรณn era observada, controlada, temida.

Desafiamos ejรฉrcitos imperiales,
humillamos coaliciones de ingleses y portugueses,
y aun asรญ, cuando el indulto llegรณ, lo aceptรฉ
con dignidad absoluta:
todos juntos, mis hombres, mi flota, mi imperio.

Me retirรฉ, abrรญ negocios, abrรญ caminos,
y vivรญ tranquila hasta mis 69 aรฑos.
Pero nadie olvidรณ a Madame Ching,
la mujer que mandรณ sobre mares y hombres,
que rompiรณ reglas y creรณ otras,
que convirtiรณ la libertad en su bandera,
y el respeto en ley sagrada.

Yo soy Shih Yang, Cheng I Sao, Ching Shih,
la pirata que nunca fue derrotada,
la reina de los mares del sur,
y mi historia sigue navegando,
aunque mis barcos ya reposen en puerto seguro.




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