✵๐’€๐’, ๐‘ช๐’‚๐’”๐’‚๐’๐’…๐’“๐’‚✵ /๐‹๐ž๐ฒ๐ž๐ง๐๐š๐ฌ, ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฃ๐ž๐ฌ ๐ž ๐‡๐ข๐ฌ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐ž๐ง ๐๐ซ๐ข๐ฆ๐ž๐ซ๐š ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š/

 

Soy hija de Troya,
de Prรญamo que vio cรณmo su reino se desmoronaba
y de Hรฉcuba, madre de dolor anticipado.
De cuna real, pero destino marcado,
aprendรญ temprano que la sangre no salva,
ni los muros, ni la belleza.

Apolo vino a mรญ,
dios que juega con los deseos,
y me ofreciรณ ver lo que nadie mรกs podรญa.
El don de la adivinaciรณn
a cambio de un favor que no quise dar.
Rechacรฉ su amor y, en su furia,
me condenรณ a hablar y nunca ser creรญda.

Veรญa el futuro como una sombra en movimiento:
la caรญda de Troya,
el caballo de madera que escondรญa muerte,
el sacrificio de inocentes,
los muros que crujรญan,
la sangre que correrรญa y nadie escucharรญa mis advertencias.

Me llamaron loca, exagerada, maldecida.
Mi voz se volviรณ un eco ignorado
entre risas, murmullos y miradas de desdรฉn.
Advertรญ a Laocoonte,
gritรฉ sobre el caballo,
predije la destrucciรณn,
y nada cambiรณ.
Todo se cumpliรณ tal como lo vi,
y yo carguรฉ con el peso de la verdad desatendida.

La guerra terminรณ,
y mi destino siguiรณ torcido.
De princesa troyana pasรฉ a concubina de Agamenรณn,
y juntos caminamos hacia la tragedia final.
Clitemnestra y Egisto nos encontraron
y sellaron nuestra muerte
en un acto que mezclรณ venganza y poder.

Mi vida es historia de advertencia,
mi nombre un recordatorio para quienes no quieren escuchar,
“Casandra”, para quienes ven y no son creรญdos,
para quienes saben y nadie hace caso.
El complejo que lleva mi nombre
no es mito, sino la frustraciรณn viva
de quien ve el peligro
y no puede convencer a los demรกs.

Algunos cuentan que mi don naciรณ en la infancia,
cuando las serpientes del templo de Apolo limpiaron mis oรญdos
y me dejaron escuchar el futuro
como si cada hilo del tiempo me susurrara su secreto.
No fue regalo, sino carga.
No fue gloria, sino aislamiento.
Serรฉ siempre la que advierte,
la que sufre por ser veraz,
la que ve caer lo que otros sostienen con ilusiรณn.

Y aun asรญ sigo viva
en cada palabra que no se cree,
en cada mujer ignorada,
en cada voz que predice y teme ser callada.
Yo, Casandra, hija de Prรญamo y Hรฉcuba,
sigo hablando, aunque nadie me escuche.




Comentarios

Entradas populares de este blog

๐—ฃ๐–—๐–Š๐–˜๐–Š๐–“๐–™๐–†๐–ˆ๐–Ž๐–”́๐–“

๐Ÿ•ท️๐‘ด๐’Š๐’„๐’“๐’๐’“๐’“๐’†๐’๐’‚๐’•๐’๐’” -๐Ÿ ๐Ÿ•ท️

๐Ÿ•ท️๐‘ด๐’Š๐’„๐’“๐’๐’“๐’“๐’†๐’๐’‚๐’•๐’๐’” -๐Ÿ ๐Ÿ•ท️