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No me llamรฉis leyenda.
Fui carne, fui pulso, fui decisiรณn.
Nacรญ en Tebas cuando el sol aรบn respetaba a los dioses
y las mujeres aprendรญamos pronto
que el poder no siempre se grita:
a veces se sostiene
con una mirada firme
y una palabra exacta.
Me llamaron Nefertari,
la mรกs bella,
aunque la belleza nunca fue mi mayor herencia.
Lo fue la conciencia de mi lugar,
la fe en los rituales antiguos
y la certeza de que mi nombre
no estaba hecho para confundirse.
No soy Nefertiti.
No fui la esposa del hereje.
No adorรฉ a un รบnico dios
ni rompรญ con los antiguos templos.
Ella viviรณ antes.
En otro tiempo.
Con otro destino.
Yo fui la Gran Esposa Real de Ramsรฉs,
el que levantรณ imperios
y escribiรณ su nombre en la piedra.
Caminรฉ a su lado,
no detrรกs.
Mientras รฉl conquistaba tierras,
yo sellaba alianzas.
Mientras รฉl alzaba colosos,
yo hablaba con Amรณn, con Ra, con Hathor.
Fui madre.
Seis veces madre.
Di a luz prรญncipes y princesas,
sangre real que creciรณ entre palacios y deberes.
Mi hijo primogรฉnito fue Amรณn-her-khepeshef,
destinado a heredar un trono
que la muerte le arrebatรณ antes de tiempo.
Otros hijos llevaron nombres de dioses,
pero ninguno reinรณ.
Asรญ es el poder:
no siempre pasa por la sangre,
aunque nazca en ella.
Me cubrรญ de oro y lapislรกzuli,
de kohl oscuro alrededor de los ojos,
de rojo en los labios
porque incluso el poder necesita ceremonia
y la divinidad tambiรฉn se representa.
Ramsรฉs me amรณ.
No como aman los mitos,
sino como aman los hombres que reconocen
a quien los iguala.
Por eso me esculpiรณ en Abu Simbel
casi a su altura,
rompiendo normas,
desafiando siglos,
negรกndose a borrarme.
Cuando mi cuerpo se cansรณ
—porque incluso las reinas mueren—
no me dejรณ caer en el olvido.
Me dio una tumba que no es descanso,
sino afirmaciรณn.
En el Valle de las Reinas
mis paredes siguen hablando.
Mis colores no se rindieron al tiempo.
Mis dioses aรบn me reconocen.
No soy confusiรณn.
No soy eco de otra mujer.
No soy sombra ajena.
Soy Nefertari.
La favorita.
La sacerdotisa.
La reina.
Y si hoy pronuncias mi nombre
y algo en tu pecho se queda quieto,
no es historia.
Es memoria
que se niega a morir.


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