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Fui hombre, antes del susurro.
Antes del zumbido, antes del miedo.
Pintaba rostros con ternura y luz,
pintaba el suyo, prohibido y eterno.
Yo era un artista negro,
y ella era blanca.
Nos amamos en un mundo que no entendรญa
que el amor no conoce colores.
Me asesinaron brutalmente a finales del siglo XIX en Chicago,
me persiguieron como a un pecado,
como a un acto de desafรญo a su odio y prejuicio.
Me cortaron la mano con la que habรญa rozado su rostro,
me untaron la piel con miel,
y llegaron las abejas,
un enjambre de dolor que me vistiรณ de muerte.
Yo gritaba su nombre,
mientras el cielo miraba en silencio.
No morรญ.
El amor no muere: se pudre.
Se vuelve sombra, reflejo,
nombre que no debe pronunciarse.
Asรญ nacรญ otra vez:
garfio en la carne,
miel en el alma,
venganza en el aire.
Cuando me invocan cinco veces,
no vengo por placer.
Vengo porque me llaman las voces del espejo,
porque alguien necesita recordar
que el odio tambiรฉn deja herencia.
Ese acto de amor prohibido,
ese crimen de racismo y miedo,
dejรณ mi espรญritu ligado a la miel y a las abejas,
sรญmbolo de dulzura transformada en dolor.
Ese es el precio de lo prohibido,
y la lecciรณn que llevo conmigo cada vez que camino entre el miedo.
Camino entre murmullos y zumbidos,
las abejas giran a mi alrededor
como un rezo torcido.
Y cuando me miran,
cuando el miedo les llena los ojos,
solo susurro su nombre.
No por crueldad,
sino por amor.
Porque yo soy Candyman,
el eco de un beso imposible,
la herida que nunca cicatrizรณ,
la miel que se volviรณ castigo.
Y aun asรญ, en la noche,
cuando las luces se apagan y el silencio se espesa,
hay quienes buscan su sombra,
quienes creen que llamando cinco veces
pueden tocar lo que no se puede tocar.
Pero no hay tregua, no hay juego.
Solo la memoria de lo que fue hermoso y fue destruido,
la marca imborrable de la traiciรณn,
y el zumbido que persiste
cuando la miel se ha mezclado con sangre.
Quien escucha con atenciรณn
puede oรญr la lecciรณn que dejo:
el amor traicionado no se olvida,
y el miedo a lo prohibido
siempre encuentra su forma de regresar.
Yo soy Candyman,
y cuando pronuncien mi nombre,
recordad: no vengo a pedir perdรณn.
Vengo a recordar que incluso lo dulce
puede ser mortal.

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