๐ค ๐ณ๐ ๐๐๐๐๐๐๐๐́๐ ๐ ๐ ๐๐๐ ๐๐๐๐๐๐ ๐๐๐๐๐ ๐ค
El faro de Punta Entinas nunca necesitรณ tormentas para parecer un despojo. Se alza sobre una franja de guijarros negros y grava donde el mar no rompe: se arrastra. La sal seca ha ido devorando la pintura blanca de la torre hasta dejar al descubierto el hierro oxidado, un tono marrรณn rojizo que recuerda a la sangre seca sobre el metal. Cuando lleguรฉ a la costa a principios de octubre para encarar el turno de mantenimiento, el pueblo mรกs cercano —una hilera de casas de pescadores a cuatro kilรณmetros— parecรญa haber entrado en una letargia invernal antes de tiempo. Las barcas permanecรญan varadas en la arena, cubiertas por lonas alquitranadas; las ventanas de la taberna continuaban cerradas con maderos cruzados. El รบnico sonido era el silbido fino del viento del norte colรกndose entre los juncales. El interior de la vivienda del farero olรญa a aceite de parafina, a sรกbanas guardadas en armarios de pino hรบmedo y a la cal desprendida de los tabiques. Los tres primeros dรญas transcurrieron en una...