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El bosque de Aokigahara no es un lugar que se pueda describir solo con palabras. Allรญ el silencio no acompaรฑa: amenaza. Es un espacio donde el sonido parece morir antes de nacer y donde los caminos se disuelven, como si el bosque quisiera borrar cualquier rastro humano. Yo lleguรฉ allรญ por error. O mejor dicho, por la arrogancia tรญpica del turista que cree que todo estรก bajo control. Querรญa caminar un par de senderos, hacer unas fotos y volver al hotel para contarlo. No iba buscando emociones fuertes. Aรบn asรญ, las encontrรฉ. A unos cien metros del punto donde empiezan los carteles de advertencia, el aire cambiรณ. Una quietud tan profunda que hasta el canto de mi respiraciรณn me sonรณ fuera de lugar. Y fue entonces cuando la vi por primera vez: una silueta blanca, quieta entre los troncos, como si estuviera esperรกndome desde hacรญa horas. No se moviรณ. Yo tampoco. En un principio pensรฉ que era otra excursionista, quizรก perdida, quizรก descansando. Pero habรญa algo extraรฑo en su postura: dema...