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✵๐’€๐’, ๐™‚๐™ง๐™š๐™œ๐™ค๐™ง ๐™Ž๐™–๐™ข๐™จ๐™–✵ /๐‹๐ž๐ฒ๐ž๐ง๐๐š๐ฌ, ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฃ๐ž๐ฌ ๐ž ๐‡๐ข๐ฌ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐ž๐ง ๐๐ซ๐ข๐ฆ๐ž๐ซ๐š ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š/

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Me despertรฉ un dรญa y supe que ya no era el mismo. No por el cuerpo extraรฑo que encontrรฉ al abrir los ojos, sino porque el mundo me miraba distinto. Antes era รบtil: madrugaba, viajaba en tren, vendรญa telas. No era feliz, pero al menos servรญa. Ahora soy… esto. Lo mรกs duro no es la forma que tengo, ni las patas que no sรฉ controlar. Lo mรกs duro es que nadie pregunta si sigo siendo yo. Mi madre llora, mi padre me aparta con violencia, mi hermana me alimenta como si fuera un animal. Nadie dice “Gregor”, solo “eso”. A veces pienso que la transformaciรณn no fue un castigo, sino una revelaciรณn. Tal vez siempre fui invisible, y ahora el mundo lo ve. Tal vez mi cuerpo solo muestra lo que ya era: alguien que no encajaba, alguien que sobraba. Pero sigo aquรญ. Sigo sintiendo, sigo pensando, sigo amando en silencio. Sigo escuchando los ruidos del hogar, el crujir de la madera, el susurro del viento contra la ventana. Sigo recordando mi vida anterior, las conve...

๐Ÿ•ท️๐‘น๐’†๐’‡๐’๐’†๐’‹๐’ ๐‘ท๐’“๐’๐’‰๐’Š๐’ƒ๐’Š๐’…๐’๐Ÿ•ท️

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  Siempre pensรฉ que mi casa estaba vacรญa. Me decรญa a mรญ misma que los ruidos eran el viento, la madera que se dilataba, mi imaginaciรณn cansada. Hasta que empecรฉ a notar los detalles. Pequeรฑos al principio: un libro caรญdo que nunca habรญa movido, una silla ligeramente girada, pasos que se escuchaban en la noche y que no correspondรญan a nada humano. Luego fueron mรกs claros: susurros que se apagaban al girar, sombras que no coincidรญan con nada que yo conociera, un frรญo que no se explicaba por la ventana abierta ni por la calefacciรณn. Una tarde, frente al espejo del pasillo, vi algo que me helรณ la sangre: mi reflejo sonreรญa sin que yo lo hiciera, sus ojos brillando con un fuego que no era mรญo. Sentรญ cรณmo la presiรณn en mi pecho se volvรญa insoportable, como si una mano invisible apretara mi corazรณn mientras mi propia imagen me observaba desde el otro lado del vidrio. Desde entonces, cada vez que paso frente a cualquier cristal, siento que me observa, que aprende mis movimientos,...

✵๐’€๐’, ๐‘จ๐’๐’†๐’‹๐’‚๐’๐’…๐’“๐’ ✵ /๐‹๐ž๐ฒ๐ž๐ง๐๐š๐ฌ, ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฃ๐ž๐ฌ ๐ž ๐‡๐ข๐ฌ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐ž๐ง ๐๐ซ๐ข๐ฆ๐ž๐ซ๐š ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š/

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 Nacรญ en Pella, bajo un sol que prometรญa grandeza y sombra, donde los rรญos contaban historias de hรฉroes y monstruos, y donde mi madre, Olimpia, me susurraba secretos que el mundo jamรกs podrรญa comprender. Su mirada era fuego y hielo a la vez, su amor absoluto y posesivo, y su ausencia un castigo que aprendรญ a cargar como corona y cadena. Entre ella y yo no hubo simples caricias: hubo dominaciรณn, protecciรณn, y un lazo extraรฑo que mezclaba deseo y miedo, respeto y dependencia. Ella me enseรฑรณ que la ambiciรณn es tanto bendiciรณn como condena, y que quien quiere ser grande debe aprender a abrazar lo prohibido. Filipo, mi padre, me enseรฑรณ la guerra, la estrategia y la fuerza. Patroclo me mostrรณ los sueรฑos que valen mรกs que la espada. Pero Hefestiรณn… รฉl fue mi espejo, mi calma y mi tormenta. Mi amigo, mi amante, mi confidente. Cada palabra suya era un refugio, cada gesto, un incendio. Y juntos, entre batallas y caricias robadas, aprendimos que el corazรณn puede latir incluso ...

๐Ÿ•ท️๐‘ณ๐’๐’” ๐’’๐’–๐’† ๐’’๐’–๐’†๐’…๐’‚๐’Ž๐’๐’” ๐Ÿ•ท️

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  Cuando todo empezรณ, la gente se reรญa. Decรญan que las vacunas nos volverรญan zombis, que nos caerรญan los dientes, que acabarรญamos gruรฑendo en las esquinas. Nadie les creyรณ. Yo tampoco. Hasta que vi cรณmo el mundo dejaba de pestaรฑear. En una semana, la ciudad se convirtiรณ en un cadรกver inmenso: calles sin pasos, coches abiertos como si alguien hubiese huido en mitad de un grito, tiendas saqueadas, luces parpadeando como รบltimas palabras. Y entonces ellos… los zombis. Gente que antes hablaba, reรญa, te abrazaba, y ahora solo respiraba hambre. Yo era inmune. Nunca supe por quรฉ. Quizรก genรฉtica, quizรก suerte, quizรก una broma cruel del universo. Pero seguรญa en pie mientras todos a mi alrededor se pudrรญan en cรกmara lenta. Sobrevivir no era vivir. Era escuchar los pasos deformes detrรกs de una esquina, oรญr cรณmo la carne rasgaba la carne a dos calles de distancia, caminar entre cuerpos que todavรญa movรญan los dedos como si quisieran recordar que fueron humanos. Dormรญa donde podรญa: e...

✵๐’€๐’, ๐‘ด๐’‚๐’“๐’š ๐‘ฑ๐’‚๐’๐’† ๐‘ฒ๐’†๐’๐’๐’š✵ /๐‹๐ž๐ฒ๐ž๐ง๐๐š๐ฌ, ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฃ๐ž๐ฌ ๐ž ๐‡๐ข๐ฌ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐ž๐ง ๐๐ซ๐ข๐ฆ๐ž๐ซ๐š ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š/

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  Me llamo Mary Jane Kelly. Tenรญa veinticinco aรฑos, y aรบn soรฑaba. Aรบn reรญa. Aรบn creรญa que algรบn dรญa podrรญa dejar de huir. Pero en Dorset Street, los sueรฑos no crecen: se marchitan. Y yo vivรญa en el nรบmero 26, un cuarto pequeรฑo donde la esperanza se alquilaba por horas y el frรญo dormรญa conmigo incluso cuando no habรญa clientes. Whitechapel era un monstruo de humo y miseria, una callejรณn sin salida donde las mujeres caminรกbamos rรกpido, no por prisa, sino por miedo. Miedo a los hombres, miedo al hambre, miedo a convertirnos en otro cadรกver en un titular. Aquella noche —9 de noviembre de 1888— la niebla se pegaba a la piel como un sudario anticipado. Las farolas parecรญan velas mortuorias, y cada paso resonaba como un presagio. ร‰l vino a mรญ envuelto en sombras. No caminaba: parecรญa deslizarse. Apenas hablรณ, pero no hacรญa falta. A veces los monstruos no necesitan palabras: su presencia basta. Tenรญa las manos frรญas, frรญas como mรกrmol arrancado de una lรกpida. Me ...

๐Ÿ•ท️๐‘ฌ๐’”๐’‘๐’†๐’“๐’‚ ๐’ƒ๐’‚๐’‹๐’ ๐’๐’‚ ๐’„๐’‚๐’Ž๐’‚๐Ÿ•ท️

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  Apaguรฉ la luz y el cuarto quedรณ sumido en sombras profundas, esas sombras que no se mueven… pero respiran. Me acomodรฉ en la cama intentando convencerme de que era una noche cualquiera, que el cansancio acabarรญa por devorar mis pensamientos. Pero antes siquiera de cerrar los ojos, una sensaciรณn helada se deslizรณ por mi espalda, como si unos dedos invisibles hubieran hecho un recorrido lento y calculado desde mi nuca hasta la base de la columna. El silencio del cuarto no era un silencio normal. No era paz, ni calma, ni descanso. Era un silencio espeso, incรณmodo, casi rencoroso. Un silencio que parecรญa observarme. Contener la respiraciรณn. Esperar. Entonces lo escuchรฉ. Un sonido tan suave que casi podrรญa haberlo ignorado… si no hubiese sido justo donde no debรญa: bajo la cama. Un leve raspado. Luego otro. Como uรฑas arrastrรกndose sobre madera. Lentas. Deliberadas. Casi… disfrutรกndolo. Me incorporรฉ apenas, sin querer moverme demasiado, como si algo en mรญ supiera que...

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Yo, Ginebra, joven frente a la corona, Arturo, viejo y fuerte, me tomรณ por esposa; sus manos eran ley y abrigo, y yo aprendรญ a amar entre deber y silencio. ร‰l era un rey hecho de invierno y de firmeza, un hombre que cargaba con Camelot en la espalda y con cicatrices que yo no sabrรญa curar. A su lado aprendรญ a reinar, a guardar mis dudas bajo vestidos pesados y mis deseos bajo la piel. Con Arturo compartรญa un amor tranquilo, ese que nace del respeto y la costumbre, un cariรฑo que no duele, pero tampoco arde. Y aunque รฉl me miraba con honor, a veces olvidaba que bajo la corona late un corazรณn que tambiรฉn quiere ser elegido. Entonces llegรณ Lancelot, caballero de mirada limpia, destreza perfecta y lealtad absoluta al rey que yo llamaba esposo. Era la sombra que faltaba en mis noches, la voz que pronunciaba mi nombre como si llevara siglos esperรกndolo. Su presencia fue una grieta luminosa en mi mundo de deber y protocolo. Cada vez que entraba al salรณn del consejo m...

๐Ÿ•ท️๐‘บ๐’–๐’”๐’–๐’“๐’“๐’๐’” ๐’†๐’ ๐’๐’‚ ๐’๐’Š๐’†๐’ƒ๐’๐’‚๐Ÿ•ท️

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La noche habรญa caรญdo como un peso hรบmedo sobre la ciudad, y yo avanzaba por la acera sintiendo cรณmo la niebla me rodeaba los tobillos. Las farolas parpadeaban como si tuvieran miedo de encenderse por completo. Cada sombra parecรญa estirarse hacia mรญ. Y aunque intentรฉ convencerme de que era paranoia, sabรญa que no lo era. Porque desde hacรญa un rato, alguien me llamaba. No con palabras claras, no. Era un susurro suave, envolvente, como si alguien soplara mi nombre muy cerca del oรญdo. Me girรฉ dos veces, tres quizรก, pero la calle estaba vacรญa. Solo la niebla. Solo el silencio. Y aun asรญ, la voz seguรญa ahรญ. Mi corazรณn latรญa muy rรกpido, y mis pasos se volvieron torpes. No sรฉ si por miedo o porque la calle parecรญa alargarse, como si quisiera que tardara mรกs en salir de ella. Sentรญa una presiรณn helada entre los omรณplatos, como dedos invisibles guiรกndome hacia alguna parte. Y entonces lo vi. ร‰l. Quieto bajo una farola moribunda, con la luz temblando sobre su rostro. No sabrรญa decir si era ...

✵๐’€๐’, ๐‘บ๐’‚๐’Ž๐’‚๐’“๐’‚ ๐‘ด๐’๐’“๐’ˆ๐’‚๐’✵ /๐‹๐ž๐ฒ๐ž๐ง๐๐š๐ฌ, ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š๐ฃ๐ž๐ฌ ๐ž ๐‡๐ข๐ฌ๐ญ๐จ๐ซ๐ข๐š ๐ž๐ง ๐๐ซ๐ข๐ฆ๐ž๐ซ๐š ๐๐ž๐ซ๐ฌ๐จ๐ง๐š/

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Aquรญ abajo no hay tiempo. Solo un latido lento, hinchado de odio, un temblor que no es vida ni muerte, algo intermedio… algo roto. El agua se pudre, respira conmigo, se pega a mi piel como un sudario frรญo. Las paredes se cierran un poco mรกs cada noche, como si el pozo quisiera tragarme y tambiรฉn conservarme. Me dejaron aquรญ, sola, pero la soledad es un lujo que durรณ poco. Pronto llegaron las voces. No voces humanas: susurros que se arrastran por la piedra, palabras sin boca, ecos de algo que siempre estรก detrรกs de mรญ, aunque nunca lo vea. Al principio gritรฉ. Tanto que la garganta se me abriรณ, tanto que mi voz dejรณ de sonar como voz. Despuรฉs dejรฉ de gritar. Porque entendรญ que aquรญ abajo el dolor no se escucha: se multiplica. Me encerraron porque era distinta. Porque veรญa lo que otros no podรญan soportar. Porque mis pensamientos se filtraban en sueรฑos ajenos, se convertรญan en imรกgenes que herรญan, que dolรญan, que asustaban. Mi madre me temรญa. Mi padre me evit...

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La casa junto al cementerio sigue respirando. No importa que juraran que muriรณ con el guarda, ni que nadie se acerque durante el dรญa, ni que la lluvia borre las huellas de quienes alguna vez caminaron por ese patio. Cada ladrillo cruje con su propio susurro, cada ventana refleja sombras que no pertenecen a este mundo, y cada paso dentro de sus lรญmites parece arrastrar algo antiguo y paciente. La casa no olvida, no perdona, y no deja ir a quien se atreve a acercarse. Dicen que el guarda hablaba solo. No era del todo cierto. Respondรญa a voces que nadie mรกs podรญa escuchar, nombres que jamรกs pertenecieron a los vivos, ecos que dolรญan pronunciar. Se inclinaba sobre el borde del pozo como quien escucha un rezo invertido, una plegaria hecha de dientes y de agua que no moja, solo atrapa. Sus grietas internas no las reparaba con palabras ni con vino, sino con sombras que se deslizaban por sus brazos y dedos. Yo lo vi una vez. Me mirรณ como si ya me hubiera elegido, y siguiรณ caminando, dejando t...